Archive for November 13th, 2009

Las Puertas de Roma

“O supongamos que un rey está a punto de ir a la guerra contra otro rey. ¿Acaso no se sienta primero a calcular si con diez mil hombres puede enfrentarse al que viene contra él con veinte mil?”

Lucas 14:31

Un soberano decidió ir a la guerra. Para esto, se levanto de su ostentoso trono, pidió a su escolta que lo acompañase al lugar donde se reunían todos sus oficiales superiores (que en este reino todos conocen y nombran a este edificio como “La Defensa” y que es la Comandancia General) para ordenarles que de inmediato tuvieran al ejercito y las guarniciones de cada ciudad preparadas para entrar en batalla. Los oficiales, se encontraban en “La Defensa” ociosos tras un largo rato de no haber estado en activo. Había transcurrido mucho tiempo desde la última vez que la nación había tenido un estado de guerra. Estupefactos, los generales pensaron que su rey, como cualquier soberano, tuvo de pronto el capricho de encontrarse peleando por tierras extranjeras; no es que no le tuvieran respeto alguno, pero como también todo mundo sabe, los monarcas llegan a tener deseos gallardos en sus vidas.

En esta ocasión el enemigo era el cercano reino de J, cuyo gobernante era la reina Jacobina. Nuestro dichoso rey y su reino (que debemos mencionar que este era el reino de R) había tenido desde la fundación de J, buenos y pacíficos lazos de amistad, que sino eran muy grandes, por lo menos la situación diplomática aseguraba paz durante un largo tiempo. Nuestro rey tuvo la idea de ir contra ellos ya que su ministerio de información le proporciono datos los cuales revelaban que J no tenia las fuerza suficientes como para defenderse de un ataque sorpresa, y que las grandes tierras fértiles de este reino ayudarían con la economía del estado. No es que el reino estuviera en quiebra, de hecho, nada le faltaba. Gozaban una estabilidad económica y social tras la ultima guerra en la habían participado -como ya mencionamos antes-, pero es que simplemente el rey se sintió ocioso y que mejor actividad que ir a la guerra, aunque mucho no entendamos bien esta manera de pensar y actuar de los reyes.

El ejercito de R era uno de los mejores que existían en aquella época. Millares de tropas de caballería, cientos y cientos de infantería ligera y pesada, bien adiestrada, con resistentes escudos, afiladas espadas y mortíferas lanzas. La producción de misiles era infinita, y sus arqueros eran de los más certeros con sus flechas. Ni que decir de las ballestas y catapultas, que podían lanzar enormes barriles llenos de combustible encendido y enormes dardos que podían atravesar a cuatro hombres juntos. Una vez que fue dada la orden, solo se necesitaron de 35 minutos para que el ejército estuviera preparado: escuadra por escuadra, batallón por batallón, compañía por compañía, división por división, legión por legión. Se hizo integro el primero, el tercero, el sexto y el noveno ejercito expedicionario. Dos irían por el frente, y los otros dos por los extremos norte y sur de manera correspondiente. En pocos días avanzarían a la capital de J, dejando asombrada a las fuerzas militares de J, bloqueando las comunicaciones a la capital y creando una vía segura para que los refuerzos de R pudieran llegar a tiempo. Los estados vecinos se alarmaron por la posición bélica de R, pero solo unos cuantos decidieron solidarizarse con J. Al final, ninguno de estos paso de las palabras a la acción y pensó que era mejor que un estado se anexase con otro, y en lugar de andar malgastando sus fuerzas, esto les daría tiempo a blindar sus fronteras para evitar un ataque de R sorpresa y fulminante.

La reina de J creyó ver el final de su pueblo, pero como buena patriota se unió a su ejército y comenzó a prevenirse de un seguro sitio de su ciudad capital. El ejercito de R avanzo sin problema alguno hasta esta y de inmediato la sitio. Todo funcionaba como una maquinaria perfecta, los suministros llegaban, las tropas eran sustituidas, la moral estaba alta. El rey, instalado con el sexto ejercito (uno de los que habían avanzado por el frente) decidió que el sitio no duraría mucho y que al amanecer del sexto día de sitio, se lanzarian con todas las armas a capturar la ciudad. El objetivo era que la capitla de J se rindiese sin que hubiese confrontación alguna y era prioritario capturar viva a la soberana. Transcurrieron los días indicados y se podia ver desde las murallas de la ciudad, como el ejercito de R avanzaba sin miedo hacia la ciudad. Todo aquello sonaba de una manera realmente extraordinaria, como si  la tierra y el aire mismo estuvieran tan agitados. Las campanas de la ciudad repicaban insitentes y sus ciudadanos se habian atrinceherado. Se podía sentir esa atmosfera tensa que existe antes de una batalla decisiva. La reina Jacobina, pese a las advertencias de sus consejeros, salio con su sequito de damas guerreras al encuentro del ejercito de R (hay que entender que tambien a veces, las mujeres hacen cosas impulsivas guiadas por la seguridad de que funcionaran). Nuestro rey protagonista, a lo lejos observó que la reina se acercaba y tambien fue a su encuentro, acompañado de sus más leales caballeros. Cada uno dejo a sus ejercitos atrás, pensando ambos que aquellos podia ser una trampa que acabaria con su soberano. Cuando ambos reyes estuvieron frente a frente, dialogaron sobre no se que cosa, aunque su encuentro no duró más de veinte minutos.

Cuando buscaba a los testigos cercanos para poder escribir esta historia, se limitaron a decirme que esta había sido una conversación asombrosa, que el rey y la reina estuvieron cerca demasiado cerca. Lo que siguio a esto fue que cada uno regresó a sus filas y nuestro rey dio media vuelta con todo su ejército. Teniendo el último y más fuerte obstáculo, el rey no quiso seguir peleando y abandono la operación. El primero, el tercero, el sexto y el noveno ejército regresaron a sus barrancas y hubo pocas bajas que reportar en ambos bandos. “La Defensa” siguió con sus actividades de siempre. Se podría pensar que el rey volvió triste y el ejercito desmoralizado. El reino de J no se anexo al de R y las relaciones diplomáticas entre amos siguieron sus cursos con normalidad, aunque con menos frecuencia, pero en realidad, rey y ejército de R se fueron a pelear a otras tierras un tanto más lejanas, pero esta vez sin éxito. Aunque avanzaron un poco y ganaron algunas cosas en aquellos países a final tuvieron que rendirse. Es de los lectores de esta crónica el deber de pensar en que fue lo que sucedió en aquella conversación que tuvieron ambos monarcas. De esto podemos concluir que las palabras, al igual que las letras tienen más poder que las armas mismas. Sin embargo se rumora que el rey tiene ganas de volver a pelear de nuevo, pero que esta vez, si tomará la capital. El problema ahora consiste en que el ejercito de J esta más reforzado, lo cual hará notar la calidad de los ejércitos. Los estados vecinos están dispuestos a intervenir esta vez. Solo cabe esperar que a nuestro rey no le suceda de nuevo lo que al bravo Atila, ante las puertas de Roma.

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