Cronopios del mundo: ¡Uníos!

Citas y Maquinas

Publicado: January 5th, 2010 | Autor: Rex Medina | Archivado bajo: Ciudad, Ensayo, Escritores, Escritos, Literatura, Personal, Vivencias | Sin comentarios »

[Habia prometido post, y pues habia otra cosa de mi propia y desvariada invención. ]

Y la esperé todo el rato que me duraron dos cafés y una empanada. La ciudad es fría en este tiempo, pero yo me había quitado la chamarra, colocándola en el asiento que tenia al lado. Llegué al café cuando los clientes pedían sus meriendas y en la caja y la cocina se hacía un lio. Desde mi estratégica posición en la barra contemple como uno de los encargados cumplía con su trabajo con total concentración. Memorizar, aplicar, servir. Me pareció ver un engrane o alguna pieza -de la maquina cafetera- funcionando con destreza. Después, pensé que todo a nuestro alrededor funcionaba como una maquinaria perfecta. Cada persona en la calle, cada trasto en el lavabo, cada sorbo de café y hasta el tiempo en que ella se demoraba obedecía a un orden pre-establecido y sin duda, tétrico.

Unos cinco minutos después yo la observé. Entró de inmediato al establecimiento. Echó una mirada para ubicarme y fue a sentarse a mi lado. Tome y puse mi chamarra en la silla que se encontraba al otro lado, nos saludamos, se disculpó por la tardanza y empezamos a conversar como habitualmente lo hacíamos. Yo seguía con la idea en la cabeza de que todo era una maquina, funcionando con un acertado ritmo, y quise deducir que es lo que vendría después. Intenté predecir sus palabras pero siempre escuchándola y sin adelantarme, para no dar muestras de orgullo. Descubrí que el destino es un componente de esta máquina que no puede ser forzado, pues es siempre dinámico. Era como si me propusiera a adivinar cómo sería el siguiente cliente que entraría al lugar o el color y modelo del auto que estaba por avanzar en la avenida. Sin embargo, gracias a eso, apreciaba cada palabra que salía de su boca y se derramaba sobre mis oídos, con eso y otras cosas (algunos añadidos, diria yo) ella echaba a andar la maquinaria de mi afecto. Eso era, debíamos apreciar lo que la máquina de la vida producía en el presente, pues utiliza el futuro y muele con el pasado para crear y saborear gratamente este delicioso presente.