Carta a Elena
Publicado: May 6th, 2010 | Autor: Rex Medina | Archivado bajo: Cuento, Escritores, Escritos, Literatura, Personal, Vivencias | Sin comentarios »Elena:
Esta carta esta buscando lo que físicamente no puedo hacer: pasar un momento contigo. Me desconcierta que el destino no este de nuestro lado -o por lo menos colabore- y nos mantenga alejados. ¿Porque será? Si bien acepto mi responsabilidad y aun no me siento digno de ti, por lo menos esperaría poder ser tu amigo y darte un saludo de cuando en cuando. Mi intención es esa, sin llegar a tener apuros dejando que las cosas fluyan. Tenemos tantas cosas que aprendernos, que mostrarnos; visualizar una amistad así ocupa la mayor parte de mi pensamiento diario y constantemente debo hacer caso al lastre de la realidad. En un principio -y como expresé al principio- me pareció un capricho del destino, o un rotundo no de Dios para alejarme. Pero luego empecé a creer -lo quise mejor así- que esto constituía una prueba divina para que yo demostrase que era digno de ti. Luego, Elena, te confieso que nos imagine juntos, compartiendo con nuestras gentes esa felicidad que ahora me figuro. Quise creerlo así.
Estoy buscando, Elena, extender el alcance mis letras sin parecerte tedioso. Estoy abrumado, ofuscado, como distraído y no disfruto de este clima. Camino con la cabeza casi baja y mis brazos atrás, como esperando que un día te aparezcas saltando detrás mio. Y entonces recuerdo a Oliveira y a la Maga, a Lorenzo y a Lucia, a Mariana y a Gustavo, y otras tantas parejas que he visto. Solo ahora eres capaz de darle al atardecer sentido, y el jazz te complementa Elena. Pero tampoco creas que estoy en ese estado transitorio y afectivo que el enamoramiento impone. Se que no te encontraré en los ojos que van adelante de mi y que la chica que pasó hace cinco minutos nos ha dado a varios una mejor vista que tu cuando te pones esos pantalones gastados y tu blusa morada. Tu equipo de fútbol me causa una bilis terrible y aunque pienso en ti se que podría dejarte por cualquiera. Pero, Elena, lo cierto es que estando con la otra le mencionaría tu nombre, y pensaría que tus ojos azules y tu piel trigueña y tu inteligencia son dignas de mis elogios. Elena, tu sonrisa es una preciosa luna y tu risa es comparable al mejor ensamble de vientos. Por esta razón he tratado de buscarte por el día y dirigir la mirada por la noche -como musulmán hacia La Meca- en donde ese sexto sentido cree que te encuentras.
Elena, ¿cuando volverás? La esperanza de tu retorno es promesa mesiánica. Siguiendo con las analogías, cada vez que la Big Band toca, es como si estuviese leyendo esa promesa de tu regreso. Me refugio cada vez en la música, pues eres musa y pan de cada día, tu, amada Elena.

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