Archive for the ‘Viajes’ Category
24/01/2010 ¿Que sucedió?
Posted by Rex Medina in Carrillero, ICMECA, ICOC, Iglesia, Personal, Viajes, Vivencias on February 1st, 2010
Pienso que la mejor forma de aclarar todo es explicando lo que sucedio. Para que no se sigan haciendo más borlotes. Aqui va:
- Domingo 24 de Enero, después de la reunión: Yo deambulaba de un lado a otro en el lugar donde se llevo a cabo, como cada domingo, la conferencia biblica, tras haber terminado ésta.
- Se me acerca una discípula para agradecerme el haberle llevado unas fotografias (por encargo de otra discípula aqui en la Ciudad). Yo, pensando en “armar” un plan con los hermanos para ese mismo domingo (salir a caminar, comer por ahi, etc), sugerí que hiciesemos algo (que fue cuando yo mencione la frase “ir a comer”), pero pues siempre con la intención de convivir con cuantos fuesen.
- Al cabo de un rato sucedio lo mismo pero con otra discípula, aunque esta vez pues me parece haber aclarado más el sentido de la invitación, ya que mencione a otros hermanos. Tambien dije: ah! claro no hay ningun problema, porque pues realmente no era algo prioritario.
Entiendo perfectamente que mis acciones fueron totalmente malinterpretadas, y en verdad aclaro que nunca tuve segundas intenciones. La prueba es que me diverti completamente todo ese finde, y no me causo en absoluto ningun problema no haber podido realizarlo, pues como digo, solo fue, realmente una sugerencia. Tengo que admitir que yo, como a Joaquín Sabina “Por decir lo que pienso, sin pensar lo que digo, mas de un beso me dieron y mas de un bofeton“ y que se que es una falla en mi de la cual me hago responsable completamente.
Me parece demasiado injusto el que se me llame hostigador, alevoso, falto de instruccion e inteligencia (de tacto pues casi siempre, ya que tiendo a ser directo) y que se recrimine a la región de la Iglesia a la que pertenezco y aún más a mi familia. De mi origen no porque he nacido en una de las colonias que da mucho de que hablar en los periodicos de la capital: La Colonia Escandón (orgulllosamente Miguelhidalguense, de ahi mi calidad de cronopio). Pienso (sí, solicitando perdon de los lectores), que hasta hay una “mentada de madre” intrinseca y sutil en el escrito que Ángel Navarro me ha enviado. Como digo en mi comunicado y en el videomensaje, quiero creer que esto es un pleno error mio y que no existe tal cosa, por lo que solo pido una aclaración. Pienso además que no hay que hacer caso de los calificativos de la gente, pues es estar viviendo por ellos.
Realmente, espero que todo esto sirva para ayudar y esclarecer este asunto, y poder seguir manteniendo lazos de amistad con los amigos tlaxcaltecas.
Carrillero: Cambiaré de destino vacacional. Tlaxcala me gusta por la cercania y la belleza que tiene (no me refiero a Victoria, una chica que he conocido durante mi visita en la ciudad, sino la belleza citadina). Para la proxima iré a alguna playa, pues, mejor solo que mal acompañado. Para que después no se pongan celosos. xD
Parte de Viaje -Busqueda.
Posted by Rex Medina in Escritores, Escritos, Gira Rexiana, Libros, Literatura, Personal, Viajes on January 22nd, 2010
¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo
por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y
olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada
se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces
detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la
calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la
Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual
era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la
misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el
tubo de dentífrico.
Pero ella no estaría ahora en el puente. Su fina cara de translúcida piel se
asomaría a viejos portales en el ghetto del Marais, quizá estuviera charlando con
una vendedora de papas fritas o comiendo una salchicha caliente en el boulevard
de Sébastopol. De todas maneras subí hasta el puente, y la Maga no estaba.
Ahora la Maga no estaba en mi camino, y aunque conocíamos nuestros
domicilios, cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos estudiantes en
París, cada tarjeta postal abriendo una ventanita Braque o Ghirlandaio o Max
Ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones, aun así no nos
buscaríamos en nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente, en la
terraza de un café, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier
patio del barrio latino. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos
para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un
silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse
tristemente, como un paraguas mojado que se cierra. Justamente un paraguas,
Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un
barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque
lo habías encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste
muchísimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en
los autobuses, siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pintos o en un
dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche, y aquella tarde cayó un
chaparrón y vos quisiste abrir orgullosa tu paraguas cuando entrábamos en el
parque, y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos fríos y nubes negras,
jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas, y nos
reíamos como locos mientras nos empapábamos, pensando que un paraguas
encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque, no podía entrar
en el ciclo innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda; entonces yo lo
arrollé lo mejor posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito
sobre el ferrocarril, y desde allí lo tiré con todas mis fuerzas al fondo de la
barranca de césped mojado mientras vos proferías un grito donde vagamente
creí reconocer una imprecación de walkyria. Y en el fondo del barranco se
hundió como un barco que sucumbe al agua verde, al agua verde y procelosa, a
la mer qui est plus félonesse en été qu’en hiver, a la ola pérfida, Maga, según
enumeraciones que detallamos largo rato, enamorados de Joinville y del parque,
abrazados y semejantes a árboles mojados o a actores de cine de alguna pésima
película húngara. Y quedó entre el pasto, mínimo y negro, como un insecto
pisoteado. Y no se movía, ninguno de sus resortes se estiraba como antes.
Terminado. Se acabó. Oh Maga, y no estábamos contentos.
Ando en Tlaxcala, y me siento como Oliveira.
Tlaxcala Time!
Posted by Rex Medina in Gira Rexiana, ICMECA, ICOC, Iglesia, Personal, Viajes, Vivencias on November 4th, 2009
El finde pasado tuve la oportunidad de viajar a Tlaxcala. Agradezco a los hermanos que me recibieron por allá. Sin duda me quede encantando por la ciudad. Aqui dejo las fotos.
Me faltan algunos videos, pero esos se los debo (por ahora).
Por cierto, me deben la prueba de los “quiltoniles”. xD











































