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	<title>Rex Medina &#187; Cortazár</title>
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	<description>Imagina, Cree, Haz, Revoluciona... &#124; El podcast de Rex Medina.</description>
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		<title>Parte de Viaje -Busqueda.</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Jan 2010 00:21:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rex Medina</dc:creator>
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¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo
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se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un [...]]]></description>
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<p style="text-align: center;">¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo<br />
por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y<br />
olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada<br />
se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces<br />
detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la<br />
calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la<br />
Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual<br />
era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la<br />
misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el<br />
tubo de dentífrico.<br />
Pero ella no estaría ahora en el puente. Su fina cara de translúcida piel se<br />
asomaría a viejos portales en el ghetto del Marais, quizá estuviera charlando con<br />
una vendedora de papas fritas o comiendo una salchicha caliente en el boulevard<br />
de Sébastopol. De todas maneras subí hasta el puente, y la Maga no estaba.<br />
Ahora la Maga no estaba en mi camino, y aunque conocíamos nuestros<br />
domicilios, cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos estudiantes en<br />
París, cada tarjeta postal abriendo una ventanita Braque o Ghirlandaio o Max<br />
Ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones, aun así no nos<br />
buscaríamos en nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente, en la<br />
terraza de un café, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier<br />
patio del barrio latino. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos<br />
para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un<br />
silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse<br />
tristemente, como un paraguas mojado que se cierra. Justamente un paraguas,<br />
Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un<br />
barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque<br />
lo habías encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste<br />
muchísimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en<br />
los autobuses, siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pintos o en un<br />
dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche, y aquella tarde cayó un<br />
chaparrón y vos quisiste abrir orgullosa tu paraguas cuando entrábamos en el<br />
parque, y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos fríos y nubes negras,<br />
jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas, y nos<br />
reíamos como locos mientras nos empapábamos, pensando que un paraguas<br />
encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque, no podía entrar<br />
en el ciclo innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda; entonces yo lo<br />
arrollé lo mejor posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito<br />
sobre el ferrocarril, y desde allí lo tiré con todas mis fuerzas al fondo de la<br />
barranca de césped mojado mientras vos proferías un grito donde vagamente<br />
creí reconocer una imprecación de walkyria. Y en el fondo del barranco se<br />
hundió como un barco que sucumbe al agua verde, al agua verde y procelosa, a<br />
<em>la mer qui est plus félonesse en été qu’en hiver</em>, a la ola pérfida, Maga, según<br />
enumeraciones que detallamos largo rato, enamorados de Joinville y del parque,<br />
abrazados y semejantes a árboles mojados o a actores de cine de alguna pésima<br />
película húngara. Y quedó entre el pasto, mínimo y negro, como un insecto<br />
pisoteado. Y no se movía, ninguno de sus resortes se estiraba como antes.<br />
Terminado. Se acabó. Oh Maga, y no estábamos contentos.</p></blockquote>
<p>Ando en Tlaxcala, y me siento como Oliveira.</p>
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